28 febrero 2007
26 febrero 2007
De cuando T. entró donde no debía y yo más
Es posible que haya permanecido aquí tan escondida que tuvieras la posibilidad de olvidarme algún rato. Una capa de polvorienta sensiblería me cubre y mientras me río se va desenfundando una tortura conquistada. No hace falta ni verte. De hecho, no te veo. Ignoro qué forma habrás adquirido. Una desesperada incógnita en la que cada pieza que encaja me vuelve menos libre. Se me llenan los párpados de grandes agujeros lacrimales. Parecen un desagüe de mis residuos tóxicos.
Es posible que estuviera en aquel otro lado y que tus sobrantes noes fueran mucho más evidentes que el resto de las claves rigurosamente balbuceadas. Demostraciones, pruebas, búsquedas y espionaje para absorber cualquier pasión ajena, esnifarla y después despedazarla alentando obsesiones. Me parezco dispuesta a abusar de todo lo que niego, de la palabrería, los sueños más desesperados, tretas ignominiosas y un montón de basura de tintes amorosos.
Las putas casualidades de la vida siempre me dan en la cabeza.
Es posible que estuviera en aquel otro lado y que tus sobrantes noes fueran mucho más evidentes que el resto de las claves rigurosamente balbuceadas. Demostraciones, pruebas, búsquedas y espionaje para absorber cualquier pasión ajena, esnifarla y después despedazarla alentando obsesiones. Me parezco dispuesta a abusar de todo lo que niego, de la palabrería, los sueños más desesperados, tretas ignominiosas y un montón de basura de tintes amorosos.
Las putas casualidades de la vida siempre me dan en la cabeza.
21 febrero 2007
Aprendiendo a mirar con otros sentidos

para chocar los dientes
oler las palmas de sus manos
enredar mi voz donde nace su pelo
dejar mi lengua allí pegada
compartida como una mujer extensa
no está tan cerca no está tampoco lo suficientemente lejos
oigo un pulso hidratado
amenaza como una ola de sangre
soy infinitamente torpe en esta imprecisión
cuando le miro
se van arrinconando los sentidos en un único vértice
(Foto de Isabel Muñoz)
19 febrero 2007
Ahora que vamos despacio no vamos a mentirnos, no?

15 febrero 2007
Son sabores distintos

Las condiciones no son las adecuadas, sin embargo, salivo. Hay demasiada gente por el medio, centenares de pies pisando las cáscaras de gambas. La espuma se escapa al control y voceo aplicando mis más absurdos sinónimos de gracia. Por todas partes suenan las alertas cuando enciendo un cigarro como si fuera un velo tras el que contenerme. Parezco una modelo de David Delfín de tan atada.
A las dos de la noche, en otra escena, no me puedo caer de la cama por mucho que me bazuquees, tampoco me da miedo que se abra la puerta de repente y el viento se nos lleve por delante. Aquí puede pasar de todo porque tu voz me cuece a chispazos y tengo el cuerpo abierto a las sonrisas. Según me despertabas no podía acordarme de qué estaba soñando. Te digo luego que me dejes volver a la vida real. Ah, que la vida era esto. Te sabía la piel a recién horneada.
A las dos de la noche, en otra escena, no me puedo caer de la cama por mucho que me bazuquees, tampoco me da miedo que se abra la puerta de repente y el viento se nos lleve por delante. Aquí puede pasar de todo porque tu voz me cuece a chispazos y tengo el cuerpo abierto a las sonrisas. Según me despertabas no podía acordarme de qué estaba soñando. Te digo luego que me dejes volver a la vida real. Ah, que la vida era esto. Te sabía la piel a recién horneada.
Fotodelicia de Margarida
13 febrero 2007
Un blues con resultado indeseable

Cuando la tristeza adquiere forma de guitarra es altamente contagiosa. Eso me pasa contigo. Que se te caen las gotas de vacío, golpean sobre las cuerdas y, clap, van a dar a mis ojos. Por mucho que cantes tus orgasmos o pidas ración de comisuras al tiempo que tragas las cervezas del mundo, te estás tambaleando y no sé cómo abrazarte más. Se te arruina la barba por momentos, niño, y no nos estimula ni el canto de las ranas. A mí también me gusta verte andar sin que me veas. Pero no así. Así no. Qué vamos a hacer con tanto blues?
09 febrero 2007
El ombligo que come tripulantes y músicas

Los tacones avanzan por el suelo radiante de frío. Siempre me obligan a mirar en los puestos más raros y ver lo más hermoso. La farola se inclina como si pretendiera descansar, hacen chispas los cables asomando por su boca entreabierta porque ella lo que quiere es comerse la calle. Se presentan calambres, días de amigos que pasan por el centro con sus carpetas llenas de objetos encantados. Como me envidia el hombre del Mediterráneo: ¡qué suerte tienes tú, que vives donde todo confluye! Esta noche la ciudad será un libro que se lee con los pies y mañana se llenará de tripulantes la casa de los jacintos. El lunes por la noche el viento del sur caldeará libertad si quedara algún resquicio frío, que lo dudo, que tengo ganas de enseñar el ombligo como si fuera el de otra.
Foto de Daniel Rodríguez, que casi nunca lee best sellers y reordena los folios en blanco de su librito de memorias.
08 febrero 2007
Los quitamotas toman posiciones

Ellos no se conocen. Desconfiad de sus pupilas mates que no lanzan gritos por no alborotar. Carecen de sol pero se estira de forma perceptible la sombra de todos sus estómagos. No vibran, se entregan al cubículo con las piernas bien juntas, con las faldas planchadas alrededor de las rodillas. Están a punto de conseguirlo. Sólo les faltan unos meses. Comerán los gusanos sobre los canapés vestidos de domingo. Creerán que se merecen este lugar siniestro en el que les sitúa su necedad. No voy a estar ahí cuando se les aplauda.