Desde donde aún estoy

nos abre la boca, impulsa hacia nosotros el metraje de una escenografía fantástica donde cualquier acción sería imposible. Sólo hay que caminar en círculos para apreciar el esplendor en el tráfico urgente y sinuoso
de esta corriente de hebras saladas. El cielo se descuelga en dos costados, en un lado, la luz de atardecer, un presagio de espíritus, en el otro, emerge un plenilunio como un rasgo de exceso. Esto sólo podría pasarnos a nosotros que modelamos tanta eternidad en estos días raros de estar juntos sobre un plano perdido de las pautas, sobre un tiempo sutil y memorable que se ha instalado en medio de la vida. Las serpientes de arena nos comen los pies, enredan nuestras huellas en un encantamiento
que dejará pellizcos de nosotros en este espacio y para siempre.
Estamos soñando pero avanzamos. Viento, cielo, luz sobre los días raros de estar juntos.
Cuánta belleza para encantar espacios con pellizcos de lo mejor de nosotros mismos.
Besos