Lo infraleve

Excesos en la mirada

09 enero 2007

Merienda refugiada en Izze


Si leísteis ayer el 20minutos ya conocéis a esta familia. Yo también tuve la suerte de estar en su casa el día 22 de diciembre. Buscábamos el campo de refugiados de Izze. Ya había anochecido y aunque estaba bastante cerca del hotel donde nos alojábamos, tardamos un poco en encontrarlo. Íbamos seis o siete personas. Cerca de una mezquita encontramos a un hombre joven y le preguntamos por el campo. Nos dijo que estábamos en él. En realidad era un barrio sólo un poco más pobre que otros que habíamos visto en los alrededores. Los niños jugaban entre los coches en una calle estrechísima sin aceras, apenas había luz. Bahaa, el chico al que preguntamos, nos llevó rápidamente hasta su casa. Tenía ganas de hablar, quería contarnos.
Su madre, Abla, nos recibió sólo ligeramente sorprendida, nos invitó a sentarnos y nos regaló la historia de su familia. Ser un refugiado es vivir deshabitado, en lugares prestados en los que se niegan a echar raíces para mantener viva la esperanza de volver a su tierra.
En este campo de Izze viven 2.400 refugiados en 6,5 kilómetros cuadrados. Abla recuerda que cuando los israelíes les echaron de Tilissafi se instalaron en las afueras de Belén en tiendas de campaña. Pasaron así inviernos muy duros en los que el viento y la nieve azotaban la tienda hasta arrancarla y dejarles a la intemperie. Ahora han podido construir una casa en la que viven tres generaciones pero aseguran que esa casa nunca será su casa. Los hijos, Bahaa y sus hermanos, ya nacieron en Belén pero no son de allí. Los nietos dicen que son de Belén pero sus padres y sus abuelos se esfuerzan en recordarles dónde está su lugar.
Bahaa dice que en Belén siempre han sido bien acogidos pero hasta los niños saben que son ciudadanos de segunda, que no tienen colegio en su campo de refugiados, que si se quieren apuntar a cualquier actividad cultural estarán por detrás de los niños y niñas de Belén. Siempre se cierne sobre ellos la sospecha de que los habitantes del campo de refugiados pueden ser peligrosos.







Mientras las niñas nos ofrecen café aromatizado y galletas, su abuela habla de la última intifada, en el año 2000. Cortaban el agua y la luz, sólo se escuchaban disparos. Nos reuníamos todos en una habitación de la casa, protegiendo a los jóvenes para que no se los llevasen. Yo tenía que salir a veces a por agua, esquivar los disparos. Estuvieron bombardeando durante varios meses.

Bahaa habla con rabia de su situación. De cómo cierra los ojos el resto del mundo sin hacer nada para evitar la ocupación israelí. Está estudiando periodismo para poner voz a nuestro sufrimiento. A Bahaa le gustaría que se supiera que han cogido nuestro país, nos han encerrado, nos han rodeado con un muro, han prohibido los hospitales, no nos dejan trabajar, estamos encerrados en una gran cárcel. Parecía que Europa estaba ayudando pero ahora no se oye nada, después de la invasión de Irak no hay opinión sobre Palestina, no se oye ni un ruido. Hay silencio y así vivimos, con el silencio alrededor, con el olvido. La ONU también nos ayudaba al principio pero todo se va diluyendo y aquí nos quedamos. Los niños se están criando en la calle, no tienen parques, no crecen bien, no pueden ser felices, no hay vida social para los jóvenes... Hace un tiempo los refugiados hablaban y pensaban que iban a conseguir algo, la gente contaba su experiencia a los periodistas pero ahora parece que todo el mundo cierra los ojos. Sólo queremos vivir, estudiar, trabajar, tener derecho a la vida en todos los aspectos. Así no vivimos, nos están negando la vida.

3 Comments:

  • At 6:09 a. m., Blogger ybris said…

    Una rabia infinita, mezclada con tristeza e impotencia me suele invadir cuando leo informes -sobre todo de primera mano, como el tuyo- acerda de los campos de refugiados palestinos.
    Me pregunto donde queda el sentimiento de humanidad que debiera ser nuestra norma más firme de conducta ante las odiosas ideologías que se alzan como divinidades por encima de la vida y de la muerte.
    Ni guerras ni terrorismos.
    Hoja de ruta ya.
    Paz.
    Justicia.

    Gracias por tu testimonio fresco y vivo. Un beso muy fuerte, amiga.

     
  • At 12:16 p. m., Blogger libertad said…

    En este mundo loco, donde todo corre, donde todo va tan rápido, rápidamente pasan de moda unas situaciones y las ayudas dejan recibirse o dejan de estar organizadas. Otros mundos u otras historias cobran importancia, cuando hace falta mucho para recuperar las primeras. Gracias por traernos el mundo más cerca de nuestros ojos. No podemos olvidarnos y estar ahí, seguir ahí. Es terrible la historia de este pueblo.

    Un abrazo

     
  • At 2:09 p. m., Blogger Uno que mira said…

    Hasta que el ciudadano medio, un número mayor de los inconscientes que viven en su burbuja mediática no enpiecen a abrir los ojos, hasta que no recuperemos nuestra humanidad, esto no tiene visos de cambiar.

    Y creo que hay gente que se ha planteado la lucha de una manera muy positiva, y quisiera aportarlo, porque hasta la mayor de las tragedias, se puede combatir con una sonrisa:

    Banksy - Palestina

     

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